lunes, 21 de marzo de 2016
El Desierto
La sequía me escribe bebiendo el agua
de mi piel blanca, como papel de carta.
La tinta desciende por la pluma del cuervo...
el monje negro por el firmamento.
La poca vida, la falta de ganas...
mi cuerpo arrestado en la plaza de dunas
es uno más en la larga columna
de obreros que esculpen el mundo de adentro.
Voy con mi cama al desierto.
Viajo colmado de cosas vacías
para soñar hundido afuera del tiempo
y llenar mis cacharros con cálido aliento.
Con perdón de los vientos y de las estrellas
cerraré bien los ojos, cubriré mis orejas,
me detendré sòlo en aquellas ideas
que la sangre decida subir a mi cabeza.
La paz batida por el espanto
mientros oigo a lo lejos susurros de antaño.
En los dorados mares de seda
convive el espectro y su cruz de madera.
Mis manos calizas, la danza de luna,
celebro a los astros bebiendo mis uvas.
Suelto mi camisa, pienso en Mahoma
rondando descalzo el monte de Hira.
Es que no
me da
igual
ser seco
que ser
el agua
detrás
del espejo.
Es una de mis favoritas cuando toco solo, creo también que es mi mejor letra.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario